Excerpt for Destino by , available in its entirety at Smashwords















Licencia de uso para esta edición



La licencia de uso de este libro electrónico es para tu disfrute personal. Por lo tanto, no puedes revenderlo ni regalarlo a otras personas.



Si deseas compartirlo, ten la amabilidad de adquirir una copia adicional para cada destinatario.



Gracias por respetar el arduo trabajo del autor.

















Destino

***_***

Sinopsis



Tenía todo lo que una chica de apenas diecinueve años puede desear, dinero, un novio que me amaba (o eso pensaba yo), estudiaba en la mejor universidad de Venezuela la carrera que siempre quise y un hermano maravilloso. Siempre supe que me hacia falta algo más, la cosa es que nunca supe qué. Lástima que para entenderlo tuve que quedarme sin nada, completamente sola y en la calle. Hace dos meses la ambición y la envidia acabaron con mi familia y ahora estoy en una ciudad desconocida tratando de sobrevivir. Ahora lo entiendo todo; si no tienes nada en el corazón ¿De qué te sirve el dinero?



***_***

No me puedo quejar, no me quede completamente solo y mis padres me dejaron el negocio familiar, no crean que es algo grande, la verdad es que es bastante pequeño pero igual ellos piensan que si lo administro bien tendré suficiente para vivir cómodamente, lo que no sabíamos es que soy un pésimo administrador y ahora tendré que cerrar la única fuente de dinero limpio que tenía, eso me hace sentir frustrado e inútil, necesito solucionar este problema, antes de que mis padres se den cuenta del mal que hicieron al dejarme aquí sólo.







***_***



Ella busca seguridad, compañía y estabilidad. Él necesita solucionar sus problemas y demostrarse a sí mismo y a su familia que es capaz de llevar bien el pequeño negocio y los estudios. Ninguno de los dos se estaba buscando, sin embargo la vida acercó sus destinos convirtiéndolos en uno sólo. ¿Qué hacer cuando la vida te acerca a lo que más temes? ¿Qué hacer cuando el pasado viene a amenazar el presente? ¿Vale la pena luchar por nuestro destino? Laura y Martín nos demuestran que cuando el destino ya está escrito, no se puede escapar de él.



***_***

Ojos Limpios.



07:00am, esa era la hora de llegada, todos los trabajadores ya lo conocían, con su carácter fuerte y su mirada penetrante, entraba al negocio que sus padres le habían dejado como herencia, una panadería, no es que los padres estaban muertos, es que decidieron mudarse al otro lado del mundo dejándolo allí solo y obstinado con una panadería como única fuente de sustento que tendría para seguir estudiando diseño, se sentía frustrado pues debía hacer panes para dibujar, así lo veía él.

La panadería era pequeña, contaba con un personal mínimo, pues era lo que podía pagar ya que, por su mala administración, había perdido clientes y ya no le iba tan bien, allí trabajaban Manuel y Alejandro sus dos amigos de la infancia, ellos le ayudaban a hacer los panes y Melissa o Meli, como todos le llamaban, ella estaba a cargo de todo, atendía a los clientes, llevaba la contabilidad y hasta hacia dulces, todo para ayudar a Martin Fuentes, que ya para ese entonces era como su hijo.

―Buenos días― saludó Martín al cruzar las puertas de aquel pequeño negocio, ya los clientes sabían quien era él, caminó y entró a un pequeño salón que fungía como oficina y deposito, allí había un escritorio y una computadora, ese era el lugar donde todos los lunes se reunía con Meli a hacer la planificación de la semana.

―Hola Martín ¿Cómo estás hoy? ― Saludó Meli, como siempre sonriendo.

―Bien Meli, bien. Como todos los días, supongo― respondió más serio de lo normal.

―Hoy no traes muy buena cara, dime ¿Qué te preocupa? sabes que puedes confiar en mi.

―Creo que... Cerraré esto, cada vez es más difícil, no podemos pagar otro empleado y ustedes cada vez trabajan más y la gente viene menos, es muy difícil, no sé qué hacer para que las personas vengan a comprar acá, ustedes no se merecen estar aquí por mi culpa así que... Cerraré, ya está decidido, esta será la última semana de trabajo.

― ¡No hagas eso! no cierres. Mira sé que no será fácil pero poco a poco saldremos adelante, ya verás. Además los chicos aman este lugar y lo sabes.

―Lo sé, pero no es justo para ustedes. No le digas nada a los chicos todavía, déjame que yo hable con ellos ¿si? ― se levantó de la silla y se acercó a Meli que estaba con una cara de tristeza, pues allí había trabajado toda su vida, todo lo que sabía lo había aprendido allí, los padres de Martín le dieron empleo cuando ella tenia veinte años y ya en sus casi cuarenta no sería tan fácil conseguir trabajo en otro lugar ―No te pongas triste Meli, este lugar también es importante para mi, pero por ahora es insostenible, tal vez más adelante volvamos a abrir― le dio un abrazo y se dispuso a salir del lugar, se dio la vuelta ― Planifica tu sola esta vez, tengo que estar temprano en la facultad, haré lo posible por regresar hoy y si no, ya sabes que aquí estaré mañana a la misma hora― y así sin decir más se fue.

Meli quedó intranquila toda la mañana no sabía cómo hacer para sacarle a Martín esa idea de la cabeza, apoyada sobre el mostrador, perdida en sus pensamientos ve a Manuel acercarse a ella.

―Dime Manu ¿Qué pasa? ― quiso saber de inmediato, pues sabía que algo pasaba.

―Meli, esa chica tiene como una hora parada allí en la puerta, es raro ¿No crees?― Meli dirige su mirada a la puerta de cristal y efectivamente allí ve a una chica, delgada, con un cabello muy alborotado y muy sucia, la invadió la curiosidad y decidió salir a ver de que se trataba.

―Hola ¿Se te ofrece algo? ¿Puedo ayudarte? ― le preguntó a la chica que ahora la miraba algo asustada ― No te preocupes, no te haré daño ― quiso tocarla y ésta se alejó un poco ― ¿Tienes hambre? ― La chica la miró a los ojos por primera vez y asintió ― Bien vamos a entrar, tengo algo para ti que tal vez te gustará― la tomó de la mano, esta vez la chica se dejó agarrar, caminó con ella y la sentó en un pequeño banquito, le hizo señas a los chicos, que la miraban sorprendidos. La chica miraba todo con miedo, se notaba que tenía mucho tiempo en la calle, debía tener mucha hambre ― Vamos a que te laves las manos para que comas.

La chica entró al pequeño baño, se lavó las manos, la cara, no le gustaba estar sucia, se observó en el espejo y quedó sorprendida por su apariencia, pasó sus manos por su cabello intentando arreglarlo un poco sin lograr nada, con mucha vergüenza salió de allí y por primera vez observó bien el lugar, era una panadería, vio a una mujer de baja estatura, de lentes, que la miraba con una sonrisa y dos chicos muy hermosos, se sintió avergonzada por su aspecto, bajó la mirada y en la mesa pudo notar un plato con pan y un vaso de leche, volvió a mirar a la mujer como pidiendo permiso y ésta le hizo una seña con la mano para que se sentara, la chica sin dudar se abalanzó sobre los panes desesperadamente, tenía varios días sin comer nada, sólo sobras que conseguía en la calle. Devoró los panes y el vaso de leche en un segundo, se sintió observada y levantó el rostro a ver como la miraban se sintió apenada por su comportamiento.

― ¿Quieres más? ― preguntó Meli, la chica sólo negó con la cabeza, Meli se sentó frente a ella y le dio una mirada a los chicos para que la dejaran sola, estos salieron inmediatamente.

― ¿Cómo te llamas?

― La-laura ― respondió la chica, algo avergonzada.

―Yo soy Melissa, pero puedes decirme Meli si quieres. ¿Qué edad tienes, Laura?

― Veinte.

― ¿De donde eres, vives por acá cerca?

― No. Caracas, estoy aquí desde hace dos meses.

― ¿Y estás sola?

― Si.

― ¿Donde estas viviendo?

― No... No tengo casa, pero tengo un lugar donde dormir, ya me tengo que ir, gracias por todo, estaba delicioso.

―Si quieres puedes venir mañana ― le dijo Meli, la verdad es que la chica inspiraba confianza, no parecía ser de la calle, algo le había pasado y quería ayudarla ― Estaremos aquí desde las 6 ¿Qué dices?

― Si, mañana vengo y gracias ― respondió Laura con un rostro lleno de ilusiones.

Se fue rápidamente y en seguida los chicos salieron al encuentro de Meli, la miraron queriendo hacerle miles de preguntas, ella al ver sus intenciones levantó la mano y los mandó a preparar todo para cerrar el lugar, había sido un día bastante fuerte y la llegada de Laura la había dejado muy pensativa, tenía que ingeniárselas para decirle eso a Martín, mañana iba a ser un día muy difícil.

Laura llegó al lugar en el que había pasado todas las noches desde que estaba en esa ciudad, ya habían pasado dos meses de haber llegado a Barquisimeto y no hay una sola noche en la que halla podido conciliar el sueño, se perdía en sus recuerdos y pensamientos, nunca en su vida imaginó estar en una situación como esta, huérfana, sola, en la calle, sin nada y en una ciudad desconocida para ella. Buscó los cartones donde siempre los guardaba y fue al banquillo de la plaza, lo cubrió con éstos, construyendo así un pequeño refugio, se metió debajo del pequeño banco, sintiéndose aliviada al sentir el calor que este refugio improvisado le proporcionaba, intentó dormir, pero el llanto la invadió una vez más, paso la noche en vela y decidió salir de allí, seguro ya iban a ser las seis de la mañana y caminó a la panadería, llegó muy temprano así que se sentó en la puerta a esperar que alguien llegara.

Martín despertó más temprano de lo normal, no había dormido bien así que se levantó, se dio una ducha rápida y salió, necesitaba estar en un lugar tranquilo para pensar bien lo que debía hacer, sin darse cuenta llegó a la panadería, al bajarse del carro notó a alguien al lado de la puerta – indigentes - pensó.

― Buenos días, necesito que me des permiso para abrir ― habló con voz lo suficientemente alta como para despertar a la cuadra entera.

La castaña al escuchar esa voz, dio un salto del susto y levantó el rostro para encontrarse con el dueño de esa voz que la había espantado, quedó sorprendida al verlo, un chico alto, de rostro serio, cabello largo rizado y unos impresionantes ojos verdes la dejaron sin habla, sin embargo lo que más le sorprendió fue su mirada, demasiado fuerte, penetrante, intensa.

Martín no pudo evitar sonreír al ver lo que provocó en esa chica que al verla bien le pareció encantadora aunque muy sucia para sus gustos, no era un millonario pero tampoco se fijaría en cualquier chica y menos en una de la calle, al ver sus hermosos ojos ámbar pudo percibir que esa chica tenia el alma limpia.

― ¿Esperas a alguien? ― quiso saber Martín.

― Em., si, yo... Espero a Meli ― respondió Laura con voz muy baja.

― Si quieres puedes pasar y esperarla adentro, hace mucho frio.

Abrió la puerta y le hizo señas para que pasara, Laura pasó y se quedó de pie junto a la entrada, Martín entró directo a la oficina, pero antes de entrar notó que la chica seguía parada en el mismo sitio.

―Puedes sentarte, Meli no tarda en llegar.

Sin decir más cerró la puerta dejándola allí, en medio de todo eso, se fijó en un reloj que colgaba en la pared y faltaban diez minutos para las cinco de la mañana, faltaba más de una hora para que Meli llegara, observó todo el lugar y al darse cuenta que todo estaba algo sucio, decidió ayudar, como acto de agradecimiento por lo del día anterior. Buscó todo lo que necesitaba para limpiar, el lugar era pequeño así que no seria tan difícil poner todo en orden, comenzó a limpiar todo desde la mesa más pequeña hasta el mostrador más grande, entró a la cocina y lavó todos los utensilios y los mesones donde extendían la masa para los panes, dejó todo con un agradable aroma a limpio, consiguió algunos manteles y adornos que decidió colocar para darle otra imagen al lugar, mientras limpiaba y ordenaba todo recordaba con nostalgia cuando ella junto a su mamá preparaban aquellos postres para la cena, recordar esas cosas siempre la dejaba destrozada, decidió no pensar en eso, era mejor olvidar y seguir adelante.

A las seis de la mañana llegaron Meli, Alejandro y Manuel, siempre llegaban juntos, al entrar no podían creer lo que estaban viendo, todo estaba impecable, olía a limpio, diferente, entraron a la cocina y quedaron sorprendidos al verla a ella allí, se veía diferente, algo había cambiado y es que mientras limpiaba había atado su cabello y esta vez tenía la cara limpia. Laura al sentirse observada levantó la mirada encontrándose con los tres muy impresionados mirando todo a su alrededor.

― Bu... Buenos días ― alcanzó a decir la castaña, con el rostro totalmente rojo de la vergüenza.

― ¿Tú hiciste todo esto? ―preguntó Meli.

Laura sólo asintió, Meli se acercó a ella y sin dudarlo le dio un abrazo ― Oh gracias todo esta hermoso y muy limpio ― le dijo mientras se separaba de ella ― Algo me dice que tú y yo vamos a ser buenas amigas ― al ver la cara de Laura entendió que no estaba acostumbrada a ese tipo de manifestaciones, sin embargo no se alejó de ella y pasándole el brazo por la cintura la guió hasta los chicos ― Laura el es Manuel, todos le decimos Manu ― señaló al chico castaño de ojos marrones ― y él ― señalo al rubio que estaba al lado del otro ― es Alejandro, chicos ella es Laura y creo que la tendremos muy seguido por aquí.

Estos extendieron sus manos y Laura las estrechó con inseguridad.

―Un gusto conocerte, Laura ― saludó amablemente Alejandro.

― Bienvenida a nuestra panadería, belleza ― repicó Manuel.

― Hola, gracias ― alcanzó a decir Laura.

― Aun falta que conozcas a Martín, aunque ahora que lo pienso, ¿Quien te abrió, como entraste?

― Un joven llegó y me preguntó que hacía afuera, le dije que la esperaba a usted y me hizo pasar, el entró en aquel cuarto ― señaló a la oficina.

― Bien Laura, gracias por todo esto que has hecho hoy, no era necesario, no te invité a venir para que limpiaras, te traje algo, ven ― la tomó de la mano y se la llevó a la parte trasera del local ― toma esto ― le entregó unas bolsas ― allí hay cosas para ti, ve al baño y si quieres te duchas y te cambias, puedes tomarte todo el tiempo que quieras, estaré esperándote en la panadería, para hablar contigo ¿Te parece? ― la castaña asintió, pudo notar que estaba contenta ― voy a hablar con el jefe mientras tú estas en lo tuyo.

La dejó allí sola para que se sintiera en confianza, pasó por la cocina le dejo instrucciones a los chicos y se fue a la oficina a enfrentar a Martín que seguro estaba molesto por la presencia de Laura.

― Hola Martín buenos días, necesito hablar contigo ¿Tienes tiempo? ― hablaba mientras se sentaba frente a él.

― Buenos días, si Meli tengo tiempo, pero antes de todo quiero que me expliques ¿Quien es esa niña callejera que ahora es tu amiga?

― De eso precisamente quiero hablarte, ella es Laura, vive en la calle y necesita ayuda ¿Podemos ayudarla?

― ¿Ayudarla cómo Meli? Sabes en la situación que estamos, el viernes cerraremos este lugar, te lo dije ayer ¿lo recuerdas?

― Si lo recuerdo Martín, pero podemos ayudarla aunque sea estos días, deja que yo me encargue ¿Qué dices?

― No Meli, si quieres ayúdale tú, pero no acá.

― Martín, piénsalo, ella nos ayuda con algunas cosas acá y le podemos dar comida.

― ¿En que nos puede ayudar? ¿Qué sabe hacer si ha vivido en la calle? Ni sabrá como limpiar una mesa.

― Ven conmigo ―dijo Meli, le mostraría cómo esa chica en una hora transformó todo el lugar.

Martín se levantó y siguió a Meli, al salir de la oficina quedó pasmado, el lugar parecía otro, todo estaba impecablemente ordenado, dos mesas que tenía arrinconadas estaban colocadas con sus sillas y un mantel, sobre los mostradores habían adornos alusivos al negocio, las ventanas estaban abiertas permitiendo que los rallos del sol entraran e iluminaran todo el pequeño lugar, escuchó voces y risas en la cocina y caminó hacia allá, todo estaba limpio y en su lugar, los chicos hablaban con una chica de cabello larguísimo, castaño claro, con pequeños reflejos dorados.

Laura se sintió observada y giró quedando frente a ellos, se había lavado el cabello, se peinó y cepilló sus dientes, se dio una ducha y cambió su ropa, parecía otra, tenía un pequeño rubor en sus mejillas que la hacia ver aun más hermosa, Martín no podía creer lo que sus ojos veían, era imposible que esta belleza que tenía en frente fuera la misma que vio en la mañana dormida en la puerta, pero si, era ella, eran sus ojos y la misma mirada limpia.

― Oh Laura, pareces otra, eres preciosa ¿aunque creo que ya estos chicos te le dijeron no? ― comentó Meli con picardía ― ella es Laura, la chica de la que te hablé hace un momento y la responsable de tener todo esto así como lo ves.

Martín se acercó hasta quedar a un paso de distancia ― Hola, mucho gusto, soy Martín Fuentes ― extendió su mano y Laura la tomo.

― El gusto es mío señor, soy Laura Martínez ― esta vez habló con mucha seguridad, pues al verse limpia de nuevo, recordó quien era y no se iba a dejar vencer, se juró a si misma ser fuerte y recuperar la felicidad que la vida le había robado.

Martín se sintió aludido ante la mirada de la castaña, sentía que ella podía ver a través de sus ojos, sentirse así no le gustaba ya que estaba acostumbrado a intimidar con la mirada, pero esta chica no se inmutaba para nada, al contrario, parecía intimidarlo a él, desvió su mirada pues no pudo soportar tanta intensidad encontrándose con los rostros juguetones de los chicos que al parecer notaron lo que entre ellos dos pasaba, se dio la vuelta y se dispuso a salir del lugar pero antes, se detuvo ― Meli ― volvió a mirar a la castaña ― Haz que se quede ― más que una orden parecía una suplica, a lo que Meli respondió con una gran sonrisa en su rostro.





***_***

Verde Esperanza





Sentía la respiración acelerada, sin duda ese hombre era hermoso, con las mejillas un poco rojas decidió salir a ayudar a Meli a atender a los clientes, rápidamente se adaptó a todo, atendía con una rapidez y amabilidad que sorprendió mucho a los tres trabajadores, los clientes salían contentos, muchos comentaban que la nueva chica era muy simpática, así se fue la mañana entre una cosa y otra, Meli se retiró con Laura a la oficina pues es su hora de almuerzo y descanso, entraron al pequeño salón y se sentaron una frente a la otra usando el pequeño escritorio como mesa para su almuerzo.

― Entonces ¿Eres de Caracas? ― quiso saber Meli, tratando de conocer más a la intrigante joven.

― Si, llagué aquí hace dos o tres meses, no estoy segura.

― Se nota que no eres de la calle Laura ¿Qué te paso? ¿Tienes familia? ― La chica se tensó ante tantas preguntas ―solo dime una cosa ¿Puedo confiar en ti?

― Si Meli, puedes confiar en mi ―respondió viéndole a los ojos ― entiendo que tengas muchas preguntas, pero ahorita no quiero hablar de eso, no soy mala, ni ladrona, no te defraudaré, te lo juro.

― Te creo ― tomó sus manos ― puedo ver la sinceridad en tus ojos, si algún día quieres hablar de eso, recuerda que en mi tienes una madre.

― Gracias Meli, es lo mejor que he escuchado en mucho tiempo.

― Bueno, entonces dime ¿Qué sabes hacer? ¿Estudiaste algo?

―Si, estaba estudiando comunicación social, solo tengo dos años aprobados, aún me falta para graduar. Pero sé hacer dulces y sé algo de administración, los puedo ayudar en todo lo que necesiten.

― Entonces usted y yo señorita haremos un gran equipo, tenemos hasta el viernes para demostrarle a Martín que esta panadería se puede rescatar ¿Me ayudas con eso?

― Claro, aunque Martín es algo, intimidante.

― ¿Intimidante? yo diría que lo que es, es guapísimo ― comentó Meli con picardía, notó como Laura se puso nerviosa ― ¿Te gusta verdad?

― ¿A mi? ¿Quién? ― Ya Laura tenía el rostro totalmente rojo.

― No te hagas, que me di cuenta como se miraban esta mañana, pero esta bien, no me tienes que decir nada, el tiempo me dará la razón.

Meli se levantó y salió dejándola sola, Laura no dejaba de pensar en lo que Meli le dijo, la verdad es que Martín la había impresionado desde la mañana cuando escuchó su voz por primera vez, luego al mirar sus ojos, era un hombre hermoso, el sueño de cualquier chica, sin embargo ella no estaba preparada para eso, solo quería fortalecerse para luchar por su futuro, tenia tantas cosas por hacer, necesitaba toda la ayuda posible para lo que se avecinaba.

Todo en la panadería fue de maravilla, Laura había sido de mucha ayuda todo el día ya para la noche estaba muy cansada, ya era la hora de cerrar y no sabía a donde se iría a pasar la noche, si iba al mismo lugar de siempre seguro que querrán robarle las cosas que Meli le había regalado, Meli al verla se dio cuenta de lo que pasaba por la cabeza de la castaña así que decidió ofrecerle que se quedara allí esa noche, no estaba muy segura pero se arriesgaría, le sacó un pequeño colchón inflable que siempre guardaban allí y lo preparó, Laura agradeció mucho poder tener eso para descansar, hacía mucho tiempo que no sabía lo que era dormir en otra cosa que no fuera el frió suelo de la calle, todos se fueron y la castaña decidió limpiar y dejar todo preparado para el día siguiente, entró a la pequeña oficina y arregló todo, organizó los documentos que estaban en el escritorio por carpetas dejándolo todo impecablemente limpio, se dio un baño y se acostó a dormir, a penas tocó el colchón quedó dormida profundamente.

Despertó sobresaltado y sudando, había tenido una de sus ya comunes pesadillas, tenía que hacer algo, se iba a volver loco de tanto pensar, no quería irse con sus padres pero era lo que debía hacer, no quería dejar sus amistades, que aunque no eran muchas, eran como su familia. Se levantó y se dio una larga ducha, se vistió y salió a la panadería un poco más temprano de lo normal, en el camino recordó a esa chica que había conseguido en la puerta de su negocio el día anterior, no podía sacarse de la mente esa mirada que lo desarmaba completamente, la chica era realmente hermosa, ese cabello tan largo y de ese color que no era nada común, sus ojos, su mirada y la seguridad con que le habló lo dejó impresionado e intrigado, tenía que asegurarse que Meli la contratara, aunque fuera por unos días, solo quería volver a verla, al llegar notó que todo estaba impecable, se dirigió a la oficina y quedó pasmado, todo estaba impecablemente limpio, escuchó ruidos en la cocina y sin dudarlo caminó hasta el umbral recostándose en éste para disfrutar del espectáculo, allí estaba ella, concentrada preparando algo, se veía tan hermosa, con un delantal blanco puesto y una malla que recogía todo su cabello, notó que la chica estaba algo delgada y en seguida recordó que vivía en la calle y sintió un dolor en su estomago, más que un dolor era como fuego que lo quemaba por dentro ¿Qué estaba pasando?

Laura se sintió observada y levantó su vista encontrándose con esos ojos verdes con los que había soñado toda la noche, quedó como tiesa al verlo, esperaba que Meli llegara primero.

― Buenos días ― saludé él muy amablemente, acercándose a ella ― ¿Qué haces?

― Hola, yo, emm... preparé esto ― le mostró una torta bien decorada con fresas y almíbar, se veía deliciosa.

― ¿Tú hiciste eso? ― la chica solo asintió, la notó nerviosa ― ¿Me darías? quiero probarla, si sabe tan bien a como se ve, debe ser deliciosa.

Laura nerviosa y un poco torpe le sirvió una pequeña porción en un platico y se lo dio a Martín, éste al saber el efecto que le causaba su cercanía no desaprovecho el momento para rosar sus manos mientras recibía el plato, tomó la pequeña cucharilla y partió un pedazo de dulce, se lo metió a la boca, sin despegar la mirada de esos ojos ámbar, al probar aquel dulce quedo sorprendido, era delicioso ― ¿Lo probaste ya? ― pregunto Martín al darse cuenta que la chica esperaba su impresión, esta solo negó con la cabeza, Martín con una mirada pícara, tomó una pequeña porción y le ofreció dárselo en la boca, la chica algo apenada recibió el bocado, los dos degustaban el dulce viéndose a los ojos, era como si ninguno de los dos pudiera despegar la mirada del otro, dejó el plato, sin nada de dulce en la mesa y se acercó más a ella, la tenía tan cerca que podía sentir su respiración acelerada.

― Delicioso, el postre, esta delicioso ― comentó casi en un susurro.

― Gracias ― alcanzó a responder.

Se miraban con mucha intensidad, Martín veía en ella la paz que necesitaba y ella veía en él la esperanza y las fuerzas para seguir adelante, se acercó aun más a ella.

― ¿Tú también sientes esto que yo siento? ― la chica frunció levemente el seño y ladeo un poco la cabeza ― esto, yo... No sé que me pasa ― escuchó ruidos en la puerta delantera, ya habían llegado los chicos, se separó de ella, le tomó una mano y sin saber bien que debía hacer  se la soltó de inmediato― ¡perdón! ― logró decir y sin más salió de allí a toda prisa, tropezando con los chicos que ya entraban a la cocina.





***_***

Intensidad.





― Hey ¿Qué pasó acá? ― preguntó Alejandro.

― ¿Qué le paso a Martín? ― quiso saber Manuel.

Meli que si entendía bien lo que estaba pasando, regañó a los chicos para que comenzaran su trabajo y todos así lo hicieron, ya hablaría con Laura después.

Ya habían pasado dos días desde que Martín y Laura tuvieron ese encuentro tan cercano, Martín no pudo sacársela de la cabeza, esa mujer se le estaba metiendo por la piel, todo lo que hacia lo hacia pensando en ella. En la universidad las cosas habían mejorado un poco, ya no estaba tan estresado y su humor había mejorado, se sentía más tranquilo de alguna manera sabía que todo eso se lo debía a ella, no había querido volver a la panadería desde ese día que salió de allí llevándose a todos por delante, no quería sentirse así, él siempre decía que enamorarse era una debilidad y el no quería sentirse débil, no le gustaba esa sensaciones depender de alguien, claro que había tenido pareja, pero era solo cuestión de una noche y nada más, no quería compromisos ni creía en cursilerías y ridiculeces de esas que hacen los enamorados, eso no era para él.

Laura pasó esos días esperando ansiosamente volver a verlo, quería estar cerca de él, se sentía desesperada por saber de él, constantemente le preguntaba a los chicos si sabían algo y solo obtenía respuestas negativas, nadie sabía de Martín, ella sabía muy bien lo que le estaba pasando, pues en el pasado tuvo un novio, que aunque le rompió el corazón también le enseñó lo que era amar a alguien profundamente, sabía que ya no lo podía evitar, Martín logró cautivar cada partícula de su ser, no había dudas, le gustaba, aunque también sentía miedo, la mirada de él en ocasiones era tan oscura, como si tuviera secretos guardados muy dentro, secretos que ella moría por descubrir, ¿Donde estará? se preguntaba constantemente, sin embargo no podía hacer nada, solo esperar.

― Buenos días ― saludó un señor de baja estatura, como de 45 años, blanco y de ojos azules.

― Buenos días señor ¿En qué podemos servirle? ― Laura muy amablemente como siempre.

― Busco a la persona que prepara estos dulces tan deliciosos ― dijo el señor señalando las tartas de fresa que estaban a la venta desde el día anterior.

― Soy yo ¿Dígame qué necesita?

― Me gustaría hablar con usted un momento, si no es molestia.

― Claro, tome asiento. En un momento estoy con usted.

El señor fue a donde Laura le dijo y ella corrió a donde estaba Meli.

― Meli, un señor quiere hablar conmigo de los dulces ¿Qué le voy a decir?― le informó un tanto nerviosa y emocionada.

― Anda tranquila, yo estaré aquí y cualquier cosa me avisas, estaré pendiente.

Eso era lo que la castaña quería escuchar, rápidamente se fue a sentar en la mesa donde aquel señor la estaba esperando.

― Mucho gusto, soy Alberto García ― se presento extendiendo la mano muy amablemente.

― Soy Laura Martínez, el gusto es mío ― le respondió con mucha seguridad estrechando su mano, tomaron asiento quedando Laura de espaldas a la entrada del pequeño local.

― Iré al grano, queremos que trabajes con nosotros, en el mejor hotel de la zona, nuestro repostero se tuvo que ir y tu tarta de fresa ha sido lo mejor que he comido en años, ganarás mucho mejor que aquí, un talento como el tuyo no debe estar encerrado en este pequeño negocio. ¿Qué dices?

Laura no podía disimular su rostro de felicidad, le agradaba saber que a alguien le habían gustado sus dulces, sin embargo sabía que no podía dejar a Meli, la panadería, los chicos… y a Martín.

― Deberías aceptar ― dijo alguien a sus espaldas, sabía que era él. De pronto se sintió muy nerviosa y se puso de pie para así quedar frente a ese hombre de sus sueños.

― ¡No! ― respondió muy segura ― no me voy a ir de aquí, Martín.

― Pues deberías, muy pronto cerraremos esta panadería y no puedes quedarte sin trabajo.

― No me quedaré sin trabajo ― recordó que el señor Alberto aun seguía allí y le dijo ― prepararé los dulces para ustedes pero aquí, ustedes me enviarán el pedido y luego regresarán por el, solo así aceptare su oferta.

― Bien, déjeme conversarlo con el jefe y luego le estaré avisando señorita Laura, fue un placer, permiso ― dijo esto retirándose del lugar.

Martín enfurecido caminó a la oficina y ella fue tras él, entró y sintió la puerta cerrarse y al voltear se dio cuenta que ella estaba allí, lo miraba de una manera única, de esa forma en la que se mira algo que estas seguro que te pertenece, con cierta autoridad que lo desesperaba aun más, se estaba convirtiendo en todo lo que dijo que nunca sería.

― Déjame solo ― dijo con esa voz firme y ronca que ella ya extrañaba.

― No, no creo que pueda hacer eso.

― ¿Qué quieres de mí, Laura?

Al escuchar su nombre en esa voz tan masculina sintió algo quebrarse dentro de ella, recordó la manera en que su padre la llamaba, con tanta autoridad. Se perdió por un leve momento en sus recuerdos y dejó escapar una lágrima de sus ojos, lo extrañaba tanto, de pronto sintió una mano limpiar su mejilla y volvió a la realidad, él estaba allí, la miraba preocupado.

― No llores, por favor, discúlpame.

― No es nada, son solo recuerdos.

―No me gusta esto que me esta pasando, Laura ― dijo casi en un susurro pues estaba ya muy cerca de ella.

― Ya no podemos hacer nada, Martín.





***_***

Nuevo Comienzo.





Se separó de ella pasando una mano por detrás de su cuello, desesperado. Ella al sentir su lejanía se desesperó, quería tenerlo cerca, lo que estaba pasando entre ellos era algo fuerte, intenso, cargado de mucha energía, ya no podía escapar de lo que estaba sintiendo.

― ¿Por qué no aceptaste el trabajo? ― preguntó aun de espaldas a ella.

― Porque ya acepte uno aquí, con ustedes.

―Pero este trabajo aquí solo te durara un par de días más, Laura debes irte, es lo mejor para ti.

― Y para ti lo mejor es que me quede, piénsalo, si nos va bien el este nuevo negocio, ya no tendrías que cerrar porque con eso y con lo que se esta vendiendo podemos salir adelante.

― ¿Podemos? no te incluyas Laura por favor, esto ya no tiene arreglo.

― Me incluyo porque trabajo aquí. 15 días, dame 15 días para demostrarte que podemos.

― Aunque quiera, no podemos, las cuentas no darían.

―Ven ― lo tomó de la mano y lo llevó al escritorio, tomó una carpeta donde había preparado todo un proyecto ― las cuentas sí nos dan para eso, mira si te fijas tenemos suficiente materia prima así la inversión seria mínima por estos 15 días y si seguimos tan bien como vamos lo lograremos, las ventas se están incrementando muchísimo― hablaba muy emocionada y muy segura de lo que decía.

Martín tomó la carpeta en sus manos y la analizó por un rato, Laura esperaba ansiosa la respuesta, se había quedado sin dormir estos dos días diseñando un plan de trabajo efectivo hasta que lo consiguió, sabía que si Martín era inteligente no se opondría jamás a eso.

― Esta bien, solo 15 días, pero con una condición.

― ¿Cual?

―Que me dejes ayudarte.

La castaña no pudo controlar su impulso y se lanzó a él dándole un fuerte abrazo, Martín sorprendido no sabía qué hacer, poco a poco fue cediendo y la abrazó también, tenerla así tan cerca lo dejó sin aliento y sin fuerzas, fue separándose de a poco de él, de pronto Martín se dio cuenta que al tenerla así tan cerca solo quería besarla así que no dudó más y con un movimiento ágil la tomó por la nuca, la atrajo hacia él y la besó.



Todos estos días habían sido una verdadera locura, casi no dormía y se sentía agotado, sabía que ella era la culpable de todo esto, sin embargo no sabía qué hacer para mejorar su actual situación, toda esta semana la había observado hasta el cansancio, no se cansaba de admirarla, sabía que ella no pertenecía a las calles, se comportaba de una forma única, siempre sonriendo, parecía feliz.

― ¿Cómo vas pana? te ves fatal, ¿Qué te pasó? ― Preguntó Juan sentándose junto a él en el comedor de la facultad, Martín solo levanto la mirada y lo saludo moviendo la cabeza, gesto que a Juan le extrañó, pues era su amigo desde hace un tiempo, el suficiente para conocerlo y saber que algo le pasaba ― dime, ¿Problemas con una mujer?

― ¿Se me nota tanto? ― respondió Martín más irritado de lo normal.

― Ajá, aunque nunca espere esta respuesta ― comentó Juan un poco asombrado.

― Pero esa es la respuesta, no sé qué me pasa con esta chama ― decidió sincerarse, necesitaba un consejo de algún hombre y quien mejor que Juan para eso.

― Cuéntame todo de ella, y tranquilo pana que sabes que conmigo tu secreto esta seguro.

Martín lo dudó por un momento pero a la final decidió contarle todo a su amigo, desde el primer día que la vio hasta aquel beso, le contó lo que sentía y mientras hablaba se daba cuenta que definitivamente se esta enamorando de ella.

― Quita esa cara y dime algo, hace rato que te conté y no reaccionas.

― Bueno chamo, déjame decirte que usted esta enamorado ― afirmó el moreno con total seguridad.

― ¿Enamorado? ¡Eso es imposible! ¿Quien se enamora en menos de un mes?

― ¡Tú!

― No debí contarte nada, definitivamente no tienes nada en el cerebro, mejor me voy de aquí.

Se levantó y se dispuso a salir del lugar.

― Deberías intentarlo ― comentó Juan que venia caminando detrás de él ― sí y no me veas así, no te digo que te cases con ella pero, tal vez, si te das la oportunidad de conocerla más y de que ella te conozca a ti te darás cuenta de lo que en realidad pasa ― Martín se detuvo y lo encaró mirándolo dudoso ― piénsalo chamo ¿Qué es lo peor que puede pasar?

― ¿Y si le hago daño? No, no chamo no quiero lastimarla, tú sabes que no soy bueno y ella es tan ingenua, tan frágil.

― Tal vez es hora de que te alejes de toda esa mierda, no te hace falta meterte nada de eso y tal vez esta es una oportunidad para salir de ese mundo.

― Ya es demasiado tarde para eso.

Sin mediar más palabras se metió en su auto y se fue a su apartamento enfrentarse a su soledad una vez más.



En la panadería las cosas iban cada vez mejor, era asombroso todo lo que habían logrado en solo diez días, ya todos se habían ido y se encontraba ella sola, en ese lugar que se había convertido en su hogar, era increíble ya había pasado un mes desde que había llegado y se sentía diferente, sin embargo había algo que la inquietaba cada vez más, y era él, Martín. No podía dejar de pensar en él, lo extrañaba y es que desde ese día que se dieron aquel beso no pudo sacarlo de su mente, lo necesitaba cada vez más y él se comportaba tan distante, sabía que estaba pendiente de ella pues lo sentía por horas mirándola, pero no le hablaba, no la saludaba y eso la estaba matando, se durmió como todas las noches desde que estaba allí, pensando en él.



La mañana llegó y ya era hora de levantarse, los chicos llegaron como siempre y comenzaron el trabajo del día, de pronto sintió ese calor en su cuerpo que solo él provocaba y lentamente se dio la vuelta y quedó frente a él.

― Hola Martín, tengo un reclamo que hacerte ― dijo mientras se acercaba a el lentamente.

― Hola Laura, tu dirás.

― No has cumplido con tu parte del trato, dijiste que la única forma de darnos esta oportunidad era con una condición ¿Lo recuerdas? ― la castaña hablaba con mucha seguridad.

― Si, lo recuerdo, per...

― ¡Pero nada! ― lo interrumpió ― aquí todos hemos cumplido así que haz tu parte, hay mucho que hacer ― se dio la vuelta y lo dejó allí sorprendido.

Con una pequeña sonrisa dibujada en su rostro comenzó a atender a los clientes, hacía mucho tiempo que no se sentía así, recordó por un momento como con su madre atendían a todos los clientes cuando era un niño de solo diez años, ya se había olvidado de lo que se sentía.





***_***

Conmigo.





De vez en cuando tropezaba con ella, que se mostraba nerviosa con su presencia, nervios que el aprovechó para jugar y disfrutar un poco más su trabajo, los clientes llegaban cada vez más y sin darse cuenta se le paso la tarde entera trabajando, se sintió agotado y se encerró en la oficina, los chicos se fueron Laura cerró como de costumbre, limpió todo, se duchó y cuando fue a la oficina a sacar el colchoncito inflable se dio cuenta que ahí seguía él, se había quedado dormido, se quedó allí, frente a él, observándolo por un rato y decidió despertarlo, pues ya era tarde.


Purchase this book or download sample versions for your ebook reader.
(Pages 1-17 show above.)